El trastorno obsesivo compulsivo (TOC) es un estado en el que se muestra un sentimiento de compulsión por realizar una acción, persistir en una idea, recordar una experiencia o insistir sin sentido en asuntos abstractos. Este sentimiento, además, causa malestar intenso e interfiere en la vida cotidiana de quien lo padece, tanto en las actividades laborales como en las relaciones sociales y las rutinas diarias. La mayoría de las personas que lo sufren reconocen que sus obsesiones proceden de su propia mente, y se oponen tanto a ellas como a las actitudes compulsivas que se derivan. No obstante, no consiguen evitarlo.

La combinación de las dos palabras, obsesión y compulsión, explica todos estos síntomas y da nombre al trastorno. La primera se refiere a pensamientos, ideas, temores o imágenes que se presentan de forma persistente y recurrente y que causan malestar. Las compulsiones se refieren a las conductas o pensamientos repetitivos y estereotipados destinados a reducir el malestar que generan estas obsesiones (lavarse las manos con frecuencia, no pisar determinados sitios al andar, contar de forma insistente o rezar, etc.).

Los principales focos de obsesión son la limpieza y el lavado, la comprobación ante la duda, el coleccionismo y la acumulación sin medida, el recuento y la repetición, y el exceso de orden y la organización.

Control en la infancia

El TOC suele aparecer a edades jóvenes, pero su inicio puede abarcar desde la escuela hasta la edad adulta. Éste es un dato positivo: en adultos supone una enfermedad crónica y un grave problema terapéutico, por lo que si se trata en la infancia se podrían evitar su desarrollo posterior y muchos diagnósticos tardíos. Así lo asegura un estudio multinacional reciente que por primera vez ha hecho un seguimiento de diversas variables psicológicas a largo plazo, desde el nacimiento hasta la edad adulta.

Las personas que sufren este trastorno reconocen sus obsesiones y se oponen a ellas y a las actitudes compulsivas que se derivan sin éxito

También es el primer estudio en relacionar los síntomas obsesivos y los rituales compulsivos en la infancia con el riesgo de padecer un TOC en la edad adulta. El estudio confirma lo que cerca de un 33% de adultos con un TOC asegura: que sus síntomas ya habían aparecido durante su infancia. Este trabajo lo ha llevado a cabo un equipo internacional coordinado por el investigador español Ángel Fullana, miembro del Departamento de Psiquiatría y de Medicina Legal de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) e investigador del King's College de Londres.

Los resultados, que confirman que la reiteración de conductas obsesivas durante la infancia aumenta el riesgo de desarrollar un TOC en la edad adulta, inciden en la necesidad de enfocar los esfuerzos preventivos en los niños con estos síntomas, ya que se ha comprobado que en el resto de la población este riesgo es menor.

Aunque los datos provienen de Nueva Zelanda, estos pueden, según los investigadores, extrapolarse al contexto español, ya que las características y la incidencia de este trastorno son similares en todas partes. La investigación se ha elaborado a partir de los datos del llamado "Estudio Dunedin", que desde hace 36 años se está realizando en Dunedin (Nueva Zelanda) con una muestra de 1.000 personas.

Los investigadores evaluaron la evolución de dos variables en diversos momentos de la vida de los participantes (11, 26 y 32 años). Una de estas variables fue la presencia reiterada de ideas obsesivas (pensamientos recurrentes y no deseados de poder hacer daño ajeno, por ejemplo). También fueron evaluados rituales compulsivos como la necesidad de lavarse las manos de manera reiterada, de comprobar una y otra vez pequeñas tareas cotidianas o de hacer acciones repetidas sin sentido. Los resultados mostraron que un 8% de los niños estudiados a los 11 años presentaban síntomas obsesivos, los cuales mostraron tener seis veces más probabilidades que el resto de desarrollar TOC en la edad adulta.

Diagnóstico y tratamiento

Los resultados, según el experto, no deben crear alarma, ya que estos síntomas "son muy habituales entre los ocho y los diez años de edad, y la frecuencia de la enfermedad en la edad adulta no llega al 2%", por lo que los porcentajes varían bastante. Lo cierto es, sin embargo, que el TOC es una enfermedad infradiagnosticada. Cerca de un millón de personas lo padecen en España, pero muchos pacientes tardan una media de nueve años en ir por primera vez al médico, algo que dificulta mucho su tratamiento.

Diversos estudios han observado, además, que los pacientes pasan una media de 17 años desde el inicio del TOC hasta que obtienen el tratamiento adecuado, o que es muy fácil que una persona con la enfermedad guarde secretamente sus síntomas. Estos aspectos dificultan aún más el diagnóstico. El TOC viene condicionado por antecedentes familiares con la enfermedad. Por la eficacia de los antidepresivos inhibidores de recaptación de serotonina (ISRS) usados en el tratamiento del TOC, se cree que se debe a una alteración de la serotonina. Se han encontrado también alteraciones en la función en circuitos cerebrales que comunican a los ganglios basales con la corteza cerebral, y en concreto en una zona llamada núcleo caudado.

Su tratamiento tiene un importante componente psicológico, basado en técnicas de exposición y prevención de respuesta para controlar la ansiedad. También consta de terapia farmacológica basada en la administración de antidepresivos. Para diagnosticar un TOC, los síntomas deben prolongarse durante más de una hora al día, provocar malestar o alterar de forma significativa la vida cotidiana de quien lo padece.