11
Mar 2014

4 preguntas que pueden liberarte del estrés

Escrito en la categoría Psicología

Quizás piensas que tienes un “problema real” que te estresa, preocupa o molesta y que para poder sentirte feliz esta situación tiene que cambiar. ¿Pero que pensarías si te dijera que no existen problemas “reales” y que el único problema con el que tienes que lidiar son tus pensamientos acerca de lo que estás viviendo?

 

Veamos esta situación. Alguien pierde su trabajo y piensa que es un grave problema, sufre por ello y se imagina los peores escenarios. Otra persona pierde su trabajo y piensa que es una buena oportunidad para hacer lo que en realidad le gusta, para descansar e incluso para cambiar de rumbo. Las dos personas están viviendo exactamente la misma situación, han perdido el trabajo, una la ve como un problema, la otra como una oportunidad…

 

¿Entonces cómo puede ser que perder el trabajo sea el “problema real”? Si lo fuera, todas las personas que pierden el trabajo deberían de sentirse igual de estresadas y no es así. En realidad el único problema está en tu mente, en todas esas historias de horror que te cuentas, de lo que perder el trabajo significa. Estas historias no son reales y te impiden pensar claramente y ver las posibilidades que se presentan delante de ti.

 

Es una muy buena noticia saber (o por lo menos abrirte a la posibilidad) de que nada externo tiene la capacidad real de afectarte, ya que como habrás podido comprobar no está en tus manos cambiar el mundo exterior. Recién cuando descubres que la causa real de tu sufrimiento son tus pensamientos puedes poner tu energía en la dirección correcta y trabajar en lo único que puedes controlar, tu mundo interior.

 

Cuestiona tus pensamientos, y libérate del estrés

Y ahora que ya sabes que la fuente de tus problemas son tus pensamientos, te preguntarás ¿cómo puedo hacer para lidiar con ellos?.

 

Byron Katie, autora del best seller “Amar lo Que Es” nos dice que cuando creemos nuestros pensamientos sufrimos y cuando los cuestionamos dejamos de sufrir. Y nos presenta 4 preguntas que puedes empezar a utilizar de manera inmediata para cuestionar cualquier concepto estresante en tu vida. Un proceso muy simple que ha ayudado ya a miles de personas.

 

Hazte las siguientes preguntas

Ubica el pensamiento que más te está estresando en estos momentos y responde a estas preguntas como si de una meditación se tratara, tómate tu tiempo, deja que las respuestas surjan del corazón.

 

A modo de ejemplo utilizaremos el pensamiento “Él no me presta atención”.

 

  1. ¿Es eso verdad?

¿Es verdad que “él no te presta atención”? La respuesta ha de ser un simple si o no. Si la respuesta es no, pasa a la pregunta 3 directamente.

 

  1. ¿Puedes saber que es verdad con absoluta certeza?

¿Puedes saber que es verdad con absoluta certeza que el no te presta atención? ¿Que aunque no te mire no te está escuchando? ¿Que no te presta atención porque no lo demuestra?. Otra vez la respuesta, a de ser simplemente si o no.

 

  1. ¿Cómo reaccionas, qué sucede, cuando crees ese pensamiento?

¿Cómo te hace sentir pensar que él no te presta atención? ¿Cómo lo tratas a él cuando piensas que no te presta atención? ¿Cómo te hace sentir este pensamiento tanto física como emocionalmente?

 

  1. ¿Quién serías sin el pensamiento? No tienes que luchar con el pensamiento, simplemente percibe como vivirías tu vida si no creyeras ese pensamiento. Cómo lo tratarías a él si no tuvieras este pensamiento.

 

La siguiente parte del proceso es invertir los pensamientos de la siguiente manera:

·         Inviértelo a lo opuesto (inversión de 180°): “Él sí me presta atención”. Quédate quieta y nota todos los sentimientos que aparecen al respecto. La sola idea de confrontar esto y mirarlo directamente muchas veces requiere de valor, pero los resultados valen la pena. Cuando la mente se abre, empiezas a encontrar ejemplos donde el sí te presta atención, te permite ver a los demás con otros ojos, a reconocer cosas que a veces no vemos. Es abrirnos a la posibilidad de que las cosas no son como las veníamos pensando.

·         Inviértelo hacia el otro: “Yo no le presto atención a él”. Encuentra ejemplos donde tú no le prestas atención a él. Fíjate cómo a veces eso que queremos que los demás hagan, no nos es fácil hacer a nosotros.

·         Inviértelo hacia ti mismo: “Yo no me presto atención”. Y esta es quizás la inversión más profunda de todas, la que te ayudará a ver cómo no te has estado prestando atención a ti misma en muchos aspectos de tu vida. Y cuando ves esto, podrás ver ¿cómo esperar que él te preste atención, si tú misma no lo haces? Y gracias a esto podrás empezar a hacer las enmiendas necesarias contigo.

 

Finalmente aquello que te molestaba en la otra persona te lleva a descubrir cosas sobre ti que de otra manera no hubieras visto. La otra persona se convierte en tu espejo y en un gran regalo.


15
Oct 2013

Como vencer la timidez?

Escrito en la categoría Terapia online

Un primer paso: pensar en uno mismo.

 

Estamos decididos a intentar vencer nuestra timidez. Pero, ¿cómo empezar?. La respuesta es más simple de lo que imaginamos.

El hecho de plantearnos vencer nuestra timidez, es el primero y uno de los más decisivos pasos a dar para conseguirlo, y lo es por dos razones: la primera porque a esta

decisión hemos llegado por medio de un proceso de reflexión sobre nosotros mismos, reconociendo nuestros propios defectos.La segunda es que hemos realizado una toma de decisión, lo que muestra que nuestra voluntad y nuestra seguridad en nosotros mismos no son tan débiles como pensamos.

Realizando un pequeño esfuerzo y dedicando algún tiempo a profundizar en esa reflexión sobre nosotros mismos, debemos comenzar a pensar en esa timidez que nos acosa, en lo que creemos que puedan haber sido sus orígenes y, lo que es más importante, en la cantidad de oportunidades de relacionarnos con otras personas que la timidez nos ha hecho desperdiciar. Si en este ejercicio de reflexión conseguimos sincerarnos con notros mismos, el avance habrá sido enorme, puesto que habremos visto que la mayor parte de los miedos que originan nuestra timidez son infundados.

En caso negativo, si nuestra timidez no nos ha dejado aproximarnos a nuestra auténtica imagen, por lo menos habremos sentado las bases para un autoanálisis que deberá ser una práctica habitual durante nuestro proceso de curación e incluso cuando este se haya 

superado.

Otro elemento muy interesante, sobre el que cabría reflexionar es que lo más seguro sea que a los demás les resultaría más fácil tolerarnos que a nosotros mismos. Por lo general, las personas tímidas aplican un criterio extraordinariamente restrictivo para con ellas mismas, por supuesto, mucho más duro que el que aplican a los demás. Y, en la inmensa mayoría de las ocasiones, mucho más estricto que el que el resto de las personas emplea para con él mismo.

Ser crítico con uno mismo no implican en ningún momento, que tengamos que ser intolerantes. La voluntad no implica rigidez, y se puede ser más o menos duro dependiendo de las circunstancias.

Pero nunca se ha de llegar a la cegación, puesto que ésta a lo único que conduce es a un bloqueo en nuestra actuación. Debemos tener muy claro que si lo que queremos, es aprender a vivir junto a los demás, jamás lo conseguiremos si no aprendemos primero a vivir con nosotros mismos.

 

 

Un segundo paso: reforzamiento de la autoestima.

 

La forma en que se piensa sobre uno mismo tiene profundos efectos sobre la vida del individuo; esto es, la autoestima, el autoconcepto, positivo o negativo. Estos conocimientos que se tienen se originan tanto en la autoobservación de las propias vivencias y acciones, como en las diversas formas de juicio ajeno.

Dado que el sí mismo puede manifestarse, pero también encubrirse, existe la posibilidad del autoengaño y éste puede llevar a dificultades para la adaptación a la realidad. Los esfuerzos terapéuticos deben ir dirigidos a corregir el autoconocimiento, la autoimagen, y a hacer posible la solución de conflictos individuales.

Las personas que tienen una baja autoestima, un pobre autoconcepto, son muy sensibles a las críticas negativas, ya que con ello se confirma aún más en la creencia de que todo lo hace mal y que no vale nada. También tiene mucha dificultad para recibir elogios de los demás.

La autoestima es algo que se va haciendo con la persona, que va creciendo en ella al igual que va creciendo su Yo social y personal. A lo largo de este proceso habrá que tener cuidado para no formar autoconceptos erróneos al compararse la persona con modelos inadecuados e inasequibles. Una persona se puede frustrar si los modelos en que se fija son exagerados.

Lograr el triunfo, la valía personal de cara al exterior, a la sociedad, es algo muy voluble. Es la sociedad quien marca unas modas, unos éxitos a conseguir, y si no eres tal o cual, tienes tal o cual imagen, tal o cual coche, no eres nadie. Hay que defenderse de todo esto consolidando nuestro propio Yo personal e intrasferible, aceptarse tal y como es uno, y si algo no nos gusta, intentar cambiarlo y mejorarlo.

Hay que tener criterio. Si  los cánones actuales dicen que el hombre moderno debe ser delgado, moreno y alto, si uno es obeso, no muy alto y con poco pelo tendrá que aceptarse como es, conformarse y adaptarse a lo que tiene o intentar cambiar en la medida de lo posible para lograr la imagen personal que él quiere y necesita, y así, sentirse seguro, con cofianza; en una palabra, para autoestimarse.

 

Una serie de posibles soluciones para intentar que pueda subir la autoestima cuando se halle a niveles muy bajos:

 

      - Hacer hincapié en los aspectos positivos y no en los negativos.

      - No permitir que los demás le juzgen a uno como persona. Podrán estar  de

          acuerdo o no con  su forma de pensar o actuar, pero no permita que le critiquen

          con calificativos peyorativos.

       - Para ganar en cofianza, las metas y tareas iniciales que uno deberá marcar serán

            de dificultad progresiva. Hay que ir haciendo primero los pequeños logros para

            poder ir ganando en seguridad personal.

       - Echar una mirada atrás, a la vida pasada y tratar de hacer borrón y cuenta nueva.

             Intentar comprender y perdonar comportamientos de personas que se portaron

             mal con nosotros, olvidar los posibles fracasos que se hayan tenido, porque lo

             hecho, hecho está y hay que seguir adelante. El mundo no se acaba con un

             tropiezo.

        - En la medida en que no se consigue alguna meta, utilizar el fracaso como algo

             productivo y no como algo frustrante e insuperable. De un fracaso se aprende

             para que la próxima intentona salga mejor.

        - Identificar la timidez con la situación en la que se da, en la medida en que

              relacionemos el síntoma (timidez) con la situación (hablar en público)

              podremos abordar el problema para lograr el cambio.

        - Hay que buscar las causas de sus problemas, timidez, incomunicación, etc, en

              los aspectos sociales, físicos, políticos y económicos de la situación en que se

              mantiene la persona. No hay que caer en el error de buscar la causa en los

              defectos de su personalidad.

         - Procurar relajarse siempre que se pueda.       


28
Oct 2012

Estudio revela beneficios de las terapias psicológicas online

Escrito en la categoría Terapia online

En España las ciberconsultas están ganando adeptos: los pacientes tienen entre 15 y 45 años y desean resolver conflictos puntuales

Estudio revela beneficios de las terapias psicológicas online


Las personas pueden mantenerse en absoluto anonimato, no necesitan recorrer grandes distancias para hablar con su terapeuta, en promedio 50% más baratas y los profesionales de la salud mental generan así una base de datos inédita en el país para saber qué problemas afectan más a la población.



Es sábado por la tarde y una mujer habla animadamente frente a su computador con webcam sobre los problemas que ha tenido con su pareja, que la tienen un poco deprimida. Al otro lado del PC su psicóloga -que vive en otra región- le aconseja no tomar decisiones apresuradas y evaluar las razones de las peleas conyugales. Esta mujer se encuentra en medio de su habitual terapia psicológica online.

Esta imagen, que hace 10 años hubiera sido catalogada de futurista, hoy es una realidad en nuestro país. Tanto así que la Escuela de Psicología de la Uniacc realizó un estudio sobre los beneficios y desventajas de este tipo de atención terapéutica mediada por internet.

Menos distancia

De acuerdo con la psicóloga Ana Paula Silva, autora de la investigación, uno de los beneficios más evidentes de las ciberterapias es la mayor accesibilidad a los especialistas. La red "reduce la distancia entre el paciente y el psicólogo; es más económico, porque no hay gastos de gasolina o estacionamientos, y se ahorra el tiempo de traslado".

Permite, además, a personas discapacitadas, que viven lejos de los centros urbanos o que tienen alguna dificultad para salir de sus hogares, recibir atención psicológica. "Por ejemplo, un paciente que tiene agorafobia -fobia a lugares públicos- puede ser tratado por internet y ser el primer paso para seguir un tratamiento presencial. Las psicoterapias online pueden ser complementarias a una tradicional", dice Eduardo Corsi, director de Investigación de la Escuela de Psicología de Uniacc.

Según el estudio de Uniacc, existen problemas psicológicos que tienen mejor diagnóstico al ser tratados a través de la red, por ejemplo, las fobias y el trabajo con la asertividad. "Los conflictos de pareja, sexuales, familiares y problemas de los adolescentes como déficit atencional, métodos de estudios y rendimiento académico muestran buenos resultados con la psicoterapia en línea", acota Eduardo Corsi.

Sin embargo, depresiones severas o trastornos más complejos como la personalidad limítrofe o borderline no suelen aconsejarse para estas terapias, dada la dificultad de apreciar online, por ejemplo, el riesgo de suicidio.

Atención anónima

Por otro lado, el psicólogo de Psicologo 2.0, Marc Martinez, explica que la psicoterapia a través de internet permite a la gente ser atendida en forma anónima si así lo prefiere, lo que acerca a las personas reticentes a ir al psicólogo por miedo a ser discriminadas.

"Las comunicación mediada por el PC, dice Corsi, facilita que la gente comunique cosas personales con más facilidad que la terapia cara a cara. El paciente confiesa más rápido la razón de consulta y el psicólogo, al mismo tiempo, puede controlar mejor la evolución de la persona con contactos periódicos a través del e-mail".



Analizando escenarios de estudio

Una limitación que existe en España para realizar estudios de prevalencias de problemas psicológicos es la falta de un sistema de recopilación de datos eficiente de pacientes que acuden a consulta. "Pero con el sistema de terapias online, dice el psicólogo Eduardo Corsi, los expertos guardan automáticamente el registro de sus pacientes en la red, lo que genera una base de datos importante, que puede ser usada para investigaciones en el área".

El experto agrega que este sistema permite realizar un eficaz seguimiento de los pacientes una vez finalizado el tratamiento, lo que no ocurre con las terapias presenciales. "Se puede hacer, por lo tanto, prevención psicológica". Otra ventaja que tiene este tipo de atención es el acceso a una mayor cantidad de pacientes. El psicólogo Marc Martinez explica que a través de internet personas de otras regiones en España y de otros países pueden acceder a consultas psicológicas sin problemas.

 

 

 

== Psicoterapia online ==

A tener en cuenta  la terapia con modalidad online (en linea), la terapia se efectua a distancia, ya sea via chat, skype, correo electrónico, nunca de forma presencial. La eficacia es equivalente a la de tipo presencial.

 


6
Dic 2011

¡Olvida, perdona y neutraliza esa pesada carga que es la culpa, el rencor, el odio!

Escrito en la categoría Salud

 

En toda acción percibida como crítica, injusta, violenta, intervienen tres elementos:

  • La herida o daño o perjuicio causado con la acción violenta.
  • La deuda, dolor o sentimientos negativos (ira, frustración, amargura, odio, rencor, culpa) que acompañan el recuerdo de la experiencia y que nos engancha emocionalmente al que nos causó la herida.
  • La cancelación o anulación de la deuda o liberación, que deviene de la satisfacción, reparación, reconciliación, devolución o el olvido y el perdón.

No son los hechos los que nos hacen sufrir sino el significado que le dimos al acontecimiento.  Es el cómo cada quien percibe, ve, oye y siente la experiencia y como lo grava en su memoria, junto a las reacciones corporales y de conducta que acompañan a esas emociones, lo que nos hace sufrir  y nos "engancha" con la situación y con aquel que nos hizo o que creemos nos hizo daño.

De cómo percibimos los hechos  depende de nuestra personalidad, de nuestras experiencias, del control que tengamos sobre nuestras emociones, de la forma como enfrentamos y resolvemos nuestros problemas y de la decisión, voluntad y esfuerzo que realizamos para cambiar el recuerdo de esa experiencia vivida.

Buscar  la satisfacción, reparación, reconciliación o devolución inmediata es con frecuencia imposible --o se tarda demasiado o nunca se logra--. La herida permanece abierta, nuestro dolor no se cura y nos convertimos en personas angustiadas, frustradas, amargadas, malhumoradas, temerosas,  pesimistas, solitarias, obsesivas, culpables, agresivas, conflictivas y enfermas, pues el recuerdo y las emociones negativas, nos causan problemas físicos y psicológicos.

Para liberarnos de la pesada carga del recuerdo que lastima y limita debemos primero olvidar y luego perdonar.

Olvidar es una de las funciones de la memoria que nos permite liberar de nuestra conciencia, el dolor que acompaña las experiencias penosas.

El tiempo para olvidar es muy personal y es involuntario.

No se pueden cambiar los hechos, pero si la experiencia de los mismos. Es decir, podemos esforzarnos por transformar el recuerdo y acelerar el proceso del olvido.

Transformar el recuerdo   significa recordar y contemplar los hechos a distancia, neutralizando las emociones, colocándonos inclusive, en el lugar de otras personas, sin  juzgar, sin criticar, sin comparar, sin  compadecerse, sin pena ni culpas, eliminando toda emoción negativa que está en nuestra memoria y que determina como hemos percibido la experiencia, para así estar en capacidad de perdonar.

Perdonar es liberar de la deuda   o  neutralizar (olvidar) las emociones ligadas al  recuerdo de la experiencia o de aquel que nos causó el dolor.

Sin embargo, el perdonar no borra el daño, no exime de responsabilidad al ofensor, ni niega el derecho a hacer justicia a la persona que ha sido herida. Perdonar es un proceso complejo que solo nosotros mismos podemos hacer.

     Perdonar no es aceptar pasivamente la situación,  dejar hacer a la otra persona o culparse porque piensa que lo provocó.

     Perdonar no es olvidar o negar la ofensa y dejar que el tiempo o Dios se hagan cargo. Tampoco es culpar a otros, a las circunstancias o al destino.

     Perdonar no es justificar, entender o explicar por qué la persona actúa o actuó de esa manera.

     Perdonar no es esperar por la restitución, por una satisfacción, por alguna explicación a la conducta violenta.

     Perdonar no es obligar al otro a que acepte tu perdón o decirle "te perdono" para hacerlo sentir "humillado" . Tampoco es buscar u obligar a la reconciliación.

     Perdonar es, en primer lugar, reconocer nuestros errores y perdonarnos a nosotros mismos. Esto es, aceptar lo que no podemos cambiar, cambiar lo que podemos y aprender a establecer diferencias, sin remordimientos, sin culpas, sin odios ni rencores.

 

hombre dando la mano a otro

 

Perdonar es buscar la solución  a los conflictos, apartando de nosotros, todo sentimiento negativo como el rencor, odio,  culpa, rechazo, deseos de venganza,  pues son sentimientos inútiles que esclavizan y crean mayor frustración, mayor desesperanza.       

     Cuando no perdonamos no tenemos alegría ni paz. Nos volvemos impacientes, poco amables, nos enojamos fácilmente causando rivalidades, divisiones, partidismos, envidias. 

     Cuando no perdonamos, nuestras ideas y pensamientos se vuelven destructivos, pesimistas, erróneos; perdemos la confianza y respeto por nosotros mismos,  desarrollamos conductas  que crean mayores conflictos y nuestro modo de vida y nuestras relaciones con los demás, quedan afectadas.

     Cuando no perdonamos estamos permitiendo que nuestra salud,  nuestro crecimiento personal, nuestro desarrollo y nuestra vida, esté gobernada por la  decisión y la conducta de alguien o algo que no nos agrada o que nos ofendió o nos perjudicó.

     Olvidar y perdonar nos permite en primer lugar,  controlar nuestras emociones y reacciones. Eleva la autoestima, nos da mayor seguridad y confianza. Facilita  la recuperación de la habilidad para aprender, discriminar y seleccionar nuestras respuestas ante situaciones futuras. Aprenderemos además,  a actuar  con madurez y sabiduría frente a la adversidad.

     Olvidar, perdonar y perdonarnos, aunque doloroso, es deshacernos de la pesada carga de la culpabilidad, la amargura, la ira que nos embarga cuando nos sentimos heridos.    

     Es abrir caminos hacia la esperanza de  nuevas oportunidades.  Es crecer y desarrollarnos como personas positivas, libres para vivir en paz y armonía con nosotros mismos y con los demás.

 

 

 

 

 

 

 


16
Oct 2011

Ataques de pánico

Escrito en la categoría Trastornos psicológicos

Muchas personas sufren, en forma repentina, de una verdadera crisis de angustia, con sensación de terror y de catástrofe inminente. Es un ataque de pánico... 

 

Durante esos minutos (rara vez se prolonga por más de una hora) suelen presentarse síntomas como taquicardia, dolor en el pecho, respiración rápida y corta, sensación de ahogo, de inestabilidad, de irrealidad. También hay oleadas de calor y frío, transpiración profusa, y miedo de morirse o de perder la razón. 

 

Se calcula que este problema lo sufre un 5 por ciento de la población general y casi el 14 por ciento de los pacientes cardíacos. Es más frecuente en las mujeres y a menudo comienza al final de la adolescencia.

 

Una de las complicaciones más habituales es el desarrollo de un miedo anticipado: la persona teme perder el control durante esos ataques. Y como no sabe en qué momento surgirán, evita quedarse sola o salir a lugares públicos. 

 

Cuando se presentan por lo menos tres ataques de pánico en un período de tres semanas, sin que haya esfuerzos físicos intensos o situaciones reales de amenaza para la vida, se estima que el problema debe ser tratado clínicamente ya que estamos en presencia de un desorden fóbico. 

 

Cuál es el mecanismo 

 

Existen factores fisiológicos objetivos que activan los ataques de pánico. Entre ellos, la reacción hipoglicémica (baja de azúcar en la sangre), el prolapso de la válvula mitral (problema cardíaco), la hipotensión ortostática, (baja de la presión arterial), la hiperventilación (respiración rápida y corta) y el consumo excesivo de drogas como cafeína, LSD, u otros estimulantes.

 

La variedad e intensidad de los síntomas difieren de una persona a otra. Algunas comparan el ataque con una pesadilla o una fuerte reacción adversa a algún medicamento, aunque probablemente lo más aterrador es una tremenda ansiedad y la impresión de perder el control.

 

Muchos lo han expresado diciendo: "Siento que no estoy aquí, que soy diferente, que me estoy muriendo o volviéndome loco. Es lo peor que a uno le puede pasar".Todo lo anterior puede conducir a la desesperanza: la persona tiende a creer que su trastorno sobrepasa las posibilidades de control.

 

El miedo a su propia vulnerabilidad interactúa con respuestas psicológicas y afectivas, produciendo un círculo vicioso. Supongamos que un paciente experimenta un trastorno abdominal después de comer en exceso. Piensa: "Algo terrible puede pasarme". Luego viene una respuesta fisiológica, como taquicardia, fatiga, transpiración.

 

En el aspecto afectivo hay ansiedad. Y en lo "mental", bloqueo, confusión. En ese punto se produce una escalada cognitiva - fisiológica y conductual: "Me está sucediendo algo espantoso. No puedo controlarme. Me estoy muriendo. Necesito ayuda".

 

Ni tan abandonado, ni tan protegido 

 

Los fóbicos experimentan las crisis de ansiedad sólo de dos maneras: una, que pueden ser vivenciadas por la persona, como un sentirse abandonada y desprotegida en un mundo amenazante y peligroso, con la percepción de sí misma de vulnerabilidad y debilidad. Acompañada de la sensación de que le pueden suceder cosas muy "terribles" y con la angustia de "no poder controlar la situación".

 

La sintomatología básica es asténica. Esto quiere decir que la experiencia ‘pérdida de control’ es vivida en términos de poder desmayarse, perder el conocimiento o morirse. La otra forma que toma el ataque de ansiedad es de tipo constrictivo. 

 

Es decir, la persona vive el miedo como si estuviera aprisionada, como si no pudiera liberarse físicamente, como una restricción a su libertad física, y la sintomatología está siempre localizada en la región torácica, como una dificultad para respirar, por sentir el pecho como apretado y casi siempre en crisis de taquicardia. La persona tiene un ataque cardíaco y se percibe a sí misma sin ninguna posibilidad de "control" de lo que le está ocurriendo.

 

Estas dos formas se van alternando en la misma persona. 

 

A estas conclusiones llegó el psiquiatra Vittorio Guidano, después de 20 años de investigación en este tipo de trastornos.

 

La relación de pareja y el ataque de pánico 

 

Otra característica importante es que la crisis de ansiedad siempre está asociada con el curso que toma la relación de la persona con su pareja. Y que la aparición de los ataques son consecuencia de lo que la persona percibe en el otro.

 

Es decir, si el otro es visto como distante, desinteresado en la relación, el agorafóbico empezará a tener crisis de tipo desprotectivo; si por el contrario, si el otro es visto como restrictivo, la persona sufre ataque de pánico constrictivo.

 

Por ejemplo, si la persona sufre el ataque de pánico cuando llega a la oficina, es probable que se sienta con toda una sintomatología de tipo asténica, ya que se percibe abandonada y desprotegida por su cónyuge.

 

Si el ataque se produce al llegar a la casa, después del trabajo, lo más probable es que el ataque sea de tipo constrictivo, ya que la vivencia será de sentirse aprisionada y atrapada por su pareja. Lo más notable es que la persona no tiene ninguna conciencia de esto, es decir, de la asociación entre sus ataques y la forma cómo percibe que su pareja se está relacionando con él o con ella ahora.

 

El agorafóbico solo le presta atención a sus síntomas físicos, no es capaz de discriminar en sus sentimientos. Toda su vida afectiva es vivenciada en términos de sintomatología física. Estas personas están siempre involucradas en el control de sus sentimientos y en el control del otro, de tal manera de no sentirse nunca abandonadas, ni tampoco aprisionadas o atrapadas por su pareja.

 

Este es el estilo afectivo predominante. La meta para el agorafóbico será encontrar el justo equilibrio en estas dos polaridades. Cualquier situación de vida que lo desestabilice, disparará los ataques de pánico.

 

Como algo anecdótico, un paciente tuvo su primer ataque de pánico en la ceremonia nupcial, y por supuesto que fue de tipo constrictivo. Con la percepción de sentirse "atrapado" para toda la vida. Esta comprensión actual de la agorafobia, producto de las investigaciones de Guidano, ha permitido ahora desarrollar una terapia altamente efectiva en el tratamiento de un trastorno refractario.

 

Básicamente la terapia consiste en que el paciente tome conciencia de sus emociones y sentimientos de vulnerabilidad en las situaciones "restrictivas" y "desprotectivas" en relación a su pareja y que pueda elaborar su vida afectiva e "romper" con el hábito de vivir sus emociones de las sensaciones físicas, que lo hacen percibirse como un enfermo crónico de dolencias somáticas.