15
Feb 2011

Los beneficios de ser optimista

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sonrie 

 

Si sabes mirar el lado positivo de la vida, no sólo serás más feliz, sino que además, estarás más sano, vivirás más experiencias positivas y estarás menos estresado. Entre los beneficios del optimismo se encuentran los siguientes:

Mayores logros

Las personas optimistas funcionan mejor que las pesimistas, obteniendo mayores logros. Cuando se convence a una persona de que ha hecho algo peor de lo que en realidad lo ha hecho, tiene un resultado más pobre cuando vuelve a intentarlo, según muestran las investigaciones. Algunas empresas en Estados Unidos buscan contratar personas pesimistas, y parece que funciona.

Mejor salud

En un estudio hecho con universitarios, aquellos que eran optimistas a la edad de 25 años, gozaban de mejor salud a edades entre 45 y 60. Otros estudios han asociado el pesimismo con mayores tasas de enfermedades infecciosas, mortalidad más precoz y mala salud.

Persistencia

Los optimistas son más persistentes, no se rinden con tanta facilidad como los pesimistas y, por este motivo, tienen más probabilidades de tener éxito

Mejor salud emocional

Las personas más optimistas son más capaces de salir adelante en los reveses de la vida, sin deprimirse.

Menor nivel de estrés

Los optimistas experimentan menos estrés que los pesimistas. Creen en sí mismos y en sus capacidades y esperan que les sucedan cosas buenas. Ven los eventos negativos como algo que pueden superar y ven los sucesos positivos como prueba de que van a venir más cosas buenas. Al creer en sí mismos, son capaces de asumir más riesgos, trayendo más sucesos positivos a sus vidas.

Mayor longevidad

Los optimistas viven más tiempo y sus enfermedades tienen mejor pronóstico


25
Nov 2010

Debemos acudir al psicólogo cuando...

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  • Sintamos que la tristeza, la apatía y la falta de ilusión empiezan a agobiarnos y a emitirnos el siempre equivocado mensaje de que nuestras vidas carecen de sentido.
  • El negro o el gris tiñen frecuentemente nuestros pensamientos y nos vemos incapaces de encontrar algo positivo en nuestras vivencias cotidianas.
  • Todo a nuestro alrededor lo percibimos amenazante y nos sentimos solos, incomprendidos o desatendidos.
  • Pensamos que la desgracia se ha cebado en nosotros y comenzamos a asumir que todo nos sale mal y que las cosas no van a cambiar.
  • Estamos atenazados por miedos que nos impiden salir a la calle, relacionarnos con otras personas, permanecer en un sitio cerrado, hablar en público, viajar, etc.. Es decir, cuando el temor o la inseguridad nos impiden desarrollar nuestras habilidades y disfrutar de personas, animales y cosas que nos rodean.
  • La obsesión por padecer graves enfermedades o contagiarnos de ellas nos lleva a conductas extrañas y repetitivas, de las que no podemos prescindir sin que su ausencia nos genere ansiedad.
  • Nos sentimos "con los nervios rotos" y casi cualquier situación hace que perdamos el control y sólo sepamos responder con agresividad o con un llanto inconsolable.
  • Nos damos cuenta de que fumar, beber o consumir cualquier otra droga, apostar..., se ha convertido en una adicción de la que no sabemos salir y que genera perjuicios importantes en nuestra vida o en la que de quienes nos rodean.
  • El estrés empieza a mostrarse a través de sus síntomas psicosomáticos: insomnio, problemas digestivos, cardiovasculares, sexuales......
  • La ansiedad es una constante diaria, que impide la estabilidad y serenidad necesarias para mantener un pensamiento positivo, una conducta tranquila y el goce de los pequeños placeres cotidianos.
  • Los silencios, los desplantes o los gritos sustituyen al diálogo, y los problemas de comunicación enturbian nuestra relación con los demás.
  • Las dificultades sexuales afloran y vivimos la angustia que causan la impotencia, la falta de deseo o de sensaciones eróticas y, sobre todo, la imposibilidad de gozo y comunicación con la persona destinataria de nuestro amor.

  • 3
    Nov 2010

    Cómo saber si tengo una depresión?

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    horizonte perdido

    Son muchas las personas que a lo largo de su vida desarrollan un episodio depresivo, nos sorprendería saber los momentos del día que se ajustan claramente a los síntomas de una depresión.

     

    Sin embargo, hay momentos muy concretos en los que la persona puede parecer deprimida o se siente así aunque realmente no padezca un trastorno por depresión. Estos momentos malos suelen ser pasajeros y van asociados a algún acontecimiento concreto que nos ha hecho sentirnos así, una vez que el acontecimiento se supera el estado depresivo desaparece.

     

    También puede ocurrir que hay algunos días en los que estamos más bajos de ánimo, ya sea por cambios hormonales, cansancio..., y realmente no existe ningún acontecimiento concreto que nos haga sentirnos así, es lo que se suele denominar comúnmente como “estoy depre”.

     

    Trastorno mental muy frecuente

     

    Depresión es una palabra muy utilizada, seguramente debido a que es uno de los trastornos mentales que se dan más en nuestra sociedad (al igual que el trastorno bipolar), sin embargo se suele usar mucho esta palabra sin saber muy bien lo que está detrás de este trastorno.

     

    Para empezar diremos que para sufrir una verdadera depresión, según los manuales deberíamos haber estado tristes o decaídos al menos durante dos años. Sin embargo, son muchas las personas que detectan estos síntomas en cuestión de días o semanas, tal vez no padezcan una depresión “de libro”, pero no cabe duda de que se encuentran mal.

     

    Estos serán los síntomas que surgirán ante una depresión. Todos nosotros, en algún momento de nuestra vida, hemos pasado por algo así, puede que no se hayan dado todos los síntomas, esto es muy común, ya que cada uno desarrolla la enfermedad de diferente manera. Generalmente se suele superar pasados unos días o cuando la situación mejora y volvemos a recuperar el ritmo normal.

     

    El estado depresivo va a cursar con cinco tipos de síntomas que afectan a la totalidad de la vida de una persona:

     

    1.- En primer lugar están los síntomas afectivos

     

    La persona está muy triste apareciendo periodos de llanto muy prolongados y que no puede controlar, también se sentirá culpable, enfadado, angustiado, avergonzado por un sinfín de cosas que nos parecerán insignificantes a los que le escuchamos.

     

    2.- En segundo lugar están los síntomas fisiológicos

     

    Aparecerán muchos de los síntomas asociados a la ansiedad, como mala respiración, desasosiego, dolores de cabeza y musculares, fatiga, falta de sueño y de apetito, inapetencia sexual, etc.

     

    3.- También desarrollará síntomas a nivel social

     

    Las personas con depresión tenderán a refugiarse en su propio mundo interior y no realizarán interacciones con los demás, (aunque esto dependerá mucho del grado en el que se encuentre) rehuirá de las amistades, no querrá ver a nadie (las relaciones de pareja se ven afectadas), le molesta las conversaciones y lugares donde hay mucho bullicio.

     

    4.- A nivel conductual aparecerá la apatia

     

    La pasividad ante las cosas lo cual fomentará que la depresión se instaure. “Si no hago nada por mejorar, no mejoraré”. Dejan de asistir al trabajo y de realizar sus actividades más cotidianas, incluso asearse les cuesta trabajo.

     

    5.- A nivel de pensamiento

     

    La persona con depresión va a desarrollar una serie de ideas rígidas e irracionales que le van a impedir ver las cosas con otro prisma, se centrarán en la negatividad, en la no solución de problemas y en la pasividad.

     

    También aparecerán la baja autoestima unida a la autocrítica personal por no mejorar, se van a percibir los problemas como insuperables y como catástrofes, con lo cual su capacidad de resolución se reduce al mínimo. Todo esto hundirá a la persona en un pozo sin salida (la vida en pareja va en declibe) la mejor solución es la muerte en muchos casos.

     


    31
    Ago 2009

    Por qué, cuándo y para qué acudir al psicólogo

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    Para la mayoría de nosotros, apenas entraña dificultad saber cuándo debemos acudir al médico. Sin embargo, seguimos mostrando dudas y reticencias a la hora de dirigirnos a los psicólogo, sobre los que aún parece pesar el apelativo de loqueros. Es por ello que todavía muchos asocian el acudir a un psicólogo con reconocer que se padecen graves desórdenes mentales que no son capaces de controlar y resolver. Otro freno para ir tranquilamente a la consulta del psicólogo es el reparo a comunicar a un desconocido nuestros problemas más íntimos. Mostrarnos tal cual somos, hablar de esas frustraciones, obsesiones, complejos, inseguridades o debilidades que tantos años llevamos ocultando o disimulando, poner en entredicho nuestra fortaleza mental, nuestra sensatez o lucidez, quedando casi a merced de alguien, exponernos al juicio de un especialista -para quien seremos sólo un caso más- se convierte en un duro trance que puede producirnos miedo cuando no terror. Y así, por unas u otras causas, y a pesar de que algo en nuestro interior nos revela que necesitamos ayuda especializada y que contar nuestras penas a familiares o amigos no es suficiente, nos demoramos demasiado en solicitar una cita con el psicólogo y lo hacemos cuando ya no podemos más y los síntomas de sufrimiento, de inestabilidad psicológica, han devenido en pesadilla. Este retraso, que puede suponer varios años e incluso décadas, puede agravar un problema que atendido a tiempo quizá se hubiera resuelto sin mayor dificultad.

    Un especialista que puede ayudarnos

    Demorarnos en recurrir al psicólogo puede agravar un problema que, tratado a tiempo, podría haberse resuelto fácilmente

    El psicólogo es un profesional especializado, un científico del comportamiento humano. Su trabajo lo desarrolla, cada día, con personas que se encuentran en un momento difícil de su vida o que se enfrentan a un problema que requiere el análisis y la asesoría -y a veces, la compañía, complicidad y apoyo- de un especialista. El psicólogo cuenta con herramientas metodológicas y con técnicas para realizar una evaluación, establecer un diagnostico y proponer un tratamiento para abordar los problemas de sus clientes y para ayudarles a entender los motivos de su malestar. Pero estos especialistas de la mente humana no sólo resultan útiles en situaciones críticas; bien al contrario, proporcionan recursos y estrategias para prevenir posibles problemas, y que nos ayudarán a sentirnos más estables y fuertes en el día a día.

    Un matiz: en la consulta no es imprescindible abrir nuestra intimidad desde el primer momento; el cuándo y el qué contar al especialista es una opción personal. El ritmo del proceso de esa implicación y sinceridad que se requiere para que el psicólogo conozca las características y alcance de nuestro conflicto interno puede establecerlo el propio cliente, que actuará movido por su necesidad o por la decisión personal de contar al especialista lo que le ocurre. Esta comunicación fértil se produce normalmente en ese deseable clima de confianza y seguridad que surge cuando percibimos que el especialista nos garantiza confidencialidad y comprensión. Y cuando sabemos que no va a emitir, sobre nosotros, juicios que puedan herir nuestra sensibilidad. Las primeras impresiones, como la de haber sido escuchados y respetados y de sentirnos bien atendidos técnicamente, así como la de "conectar" con su forma de ser y con sus métodos y terapias, determinan en buena medida si el paciente optará por ese especialista e, incluso, el éxito del trabajo terapéutico a emprender.

    El tiempo no arregla nada

    Debemos acudir al psicólogo cuando detectamos que uno o varios problemas bloquean nuestra vida inundándola de sensaciones desagradables, impidiéndonos gozar de sus aspectos positivos o placenteros. Por aquello de creernos autosuficientes, pensamos que seremos capaces de "salir de ésta", y que lo que necesitamos es, simplemente, serenarnos y darle tiempo al tiempo. Pero estamos equivocados: el tiempo no arregla nada. Cosa bien diferente es que necesitemos que discurran semanas o meses para ejecutar los comportamientos que nos ayuden a resolver los problemas.

    Pedir es tan necesario como dar: forman el anverso y reverso de la misma moneda, que es la vida. No confundamos la autonomía a la hora de gestionar nuestras vidas con la negativa a solicitar la ayuda de otras personas para conducir esas acciones a buen puerto. El psicólogo no es un brujo que cura los males de nuestra psique, sino simplemente un experto en salud mental que actúa como asesor y acompañante y que intentará ayudarnos a que consigamos (siempre por nosotros mismos y desde nosotros mismos) las deseadas seguridad y estabilidad, propiciando un mejor discernimiento en la búsqueda de soluciones y potenciando nuestra autoestima.

     


    31
    May 2009

    Psicoterapia de la depresión. Terapia cognitiva

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    Los pacientes depresivos tienen pensamientos displacenteros (angustiantes, negativos, autodestructivos) respecto a si mismos, al mundo que los rodea y respecto al futuro que les espera. Estos pensamientos no suelen ser totalmente concientes y se producen en forma automática sin intervención de la voluntad del paciente (pensamiento automático negativo). Las personas deprimidas se consideran desgraciadas, frustradas, humilladas, rechazadas o castigadas. Miran el futuro sin esperanza.
    La Terapia Cognitiva de la Depresión intenta corregir estas "distorsiones cognitivas". Dichas distorsiones son de 3 tipos (tríada cognitiva):

    1. Visión negativa e irrealista de la realidad (visión negativa del mundo).
    2. Pérdida de la esperanza respecto al futuro (visión negativa del futuro).
    3. Baja autoestima y pensamientos autodestructivos (visión negativa de si mismos).

    1. Quienes padecen de depresión suelen tener una visión de las circunstancias que los rodean, de su enfermedad y de la vida, más negativa de lo que en realidad es. Se sienten derrotados socialmente. Consideran al mundo como haciéndole enormes exigencias y presentándole obstáculos que se interfieren con el logro de los objetivos de su vida. Es como si su atención se centrara más en los aspectos negativos, estando casi imposibilitados de ver los aspectos positivos de la realidad. Hay un dicho popular que dice que "uno debe ver la mitad del vaso lleno y no la mitad del vaso vacío". Los depresivos ven, en general, la sólo la mitad del vaso vacío. La vida esta llena de cosas buenas y malas. Una visión objetiva de la realidad nos ayuda a vivir mejor.

    2. En la depresión la visión del futuro se pierde. Los pacientes suelen referir "no ver ningún futuro" o "verlo todo negro". Esta imposibilidad de poder ver un futuro posible feliz o agradable lleva a la pérdida de la esperanza. Esta pérdida de la esperanza retroalimenta la depresión, incluso muchos pacientes están convencidos que nunca se recuperarán de su padecimiento y se niegan a recibir ayuda profesional.  Ven el futuro desde una perspectiva negativa y le dan vueltas y más vueltas a una serie de expectativas negativas. El deprimido prevée que sus problemas y experiencias comunes continuarán indefinidamente y que sufrirán otras mucho peores en su vida.

    3. La baja autoestima y confianza en si mismos genera en los pacientes que padecen de depresión una gran sensación de angustia, inseguridad, soledad y desamparo, sienten que sus familiares, pareja y amigos más íntimos no los quieren (aunque la realidad no sea esa). En palabras simples: los pacientes que padecen de depresión no se quieren a si mismos y por consiguiente les es muy dificil concebir la idea que alguien pueda quererlos. También es común escuchar a los pacientes depresivos decir frases tales como "no valgo nada", "no sirvo para nada", "no sé para que vivo", etc. La persona deprimida muestra una marcada tendencia a considerarse como deficiente, inadecuada e inútil y atribuye sus experiencias desagradables a un defecto físico, moral o mental. Tiende a rechazarse a sí misma  y cree que los demás la rechazarán.

    En conclusión tienden a deformar sus experiencias, malinterpretan acontecimientos concretos e irrelevantes tomándolos como fracaso, privación o rechazo personal.Exageran o generalizan excesivamente cualquier situación por más sencilla que sea, tienden también a hacer predicciones indiscriminadas y negativas del futuro. Todo siempre va a ir contra sí mismo, acentuando lo negativo hasta casi excluir los hechos positivos.
     
    La Terapia Cognitiva tiende a que el paciente vea claramente estos mecanismos que retroalimentan su estado depresivo y pueda suplantarlos por modos de ver la vida más acordes a su realidad, es decir que el pensamiento "lógico pragmático" y el sentido común (el menos común de los sentido) se vean fortalecidos. Vale la pena aclarar que estamos tratando el tema de Depresiones Primarias, es decir, aquellas que no son debidas a situaciones o factores externos (Trastorno Adaptativo con Estado de Änimo Depresivo). En este segundo caso lo anteriormente expuesto no es apicable, ya que es la realidad que le toca vivir al paciente lo que lo lleva a sentirse deprimido