16
Oct 2011

Ataques de pánico

Escrito en la categoría Trastornos psicológicos

Muchas personas sufren, en forma repentina, de una verdadera crisis de angustia, con sensación de terror y de catástrofe inminente. Es un ataque de pánico... 

 

Durante esos minutos (rara vez se prolonga por más de una hora) suelen presentarse síntomas como taquicardia, dolor en el pecho, respiración rápida y corta, sensación de ahogo, de inestabilidad, de irrealidad. También hay oleadas de calor y frío, transpiración profusa, y miedo de morirse o de perder la razón. 

 

Se calcula que este problema lo sufre un 5 por ciento de la población general y casi el 14 por ciento de los pacientes cardíacos. Es más frecuente en las mujeres y a menudo comienza al final de la adolescencia.

 

Una de las complicaciones más habituales es el desarrollo de un miedo anticipado: la persona teme perder el control durante esos ataques. Y como no sabe en qué momento surgirán, evita quedarse sola o salir a lugares públicos. 

 

Cuando se presentan por lo menos tres ataques de pánico en un período de tres semanas, sin que haya esfuerzos físicos intensos o situaciones reales de amenaza para la vida, se estima que el problema debe ser tratado clínicamente ya que estamos en presencia de un desorden fóbico. 

 

Cuál es el mecanismo 

 

Existen factores fisiológicos objetivos que activan los ataques de pánico. Entre ellos, la reacción hipoglicémica (baja de azúcar en la sangre), el prolapso de la válvula mitral (problema cardíaco), la hipotensión ortostática, (baja de la presión arterial), la hiperventilación (respiración rápida y corta) y el consumo excesivo de drogas como cafeína, LSD, u otros estimulantes.

 

La variedad e intensidad de los síntomas difieren de una persona a otra. Algunas comparan el ataque con una pesadilla o una fuerte reacción adversa a algún medicamento, aunque probablemente lo más aterrador es una tremenda ansiedad y la impresión de perder el control.

 

Muchos lo han expresado diciendo: "Siento que no estoy aquí, que soy diferente, que me estoy muriendo o volviéndome loco. Es lo peor que a uno le puede pasar".Todo lo anterior puede conducir a la desesperanza: la persona tiende a creer que su trastorno sobrepasa las posibilidades de control.

 

El miedo a su propia vulnerabilidad interactúa con respuestas psicológicas y afectivas, produciendo un círculo vicioso. Supongamos que un paciente experimenta un trastorno abdominal después de comer en exceso. Piensa: "Algo terrible puede pasarme". Luego viene una respuesta fisiológica, como taquicardia, fatiga, transpiración.

 

En el aspecto afectivo hay ansiedad. Y en lo "mental", bloqueo, confusión. En ese punto se produce una escalada cognitiva - fisiológica y conductual: "Me está sucediendo algo espantoso. No puedo controlarme. Me estoy muriendo. Necesito ayuda".

 

Ni tan abandonado, ni tan protegido 

 

Los fóbicos experimentan las crisis de ansiedad sólo de dos maneras: una, que pueden ser vivenciadas por la persona, como un sentirse abandonada y desprotegida en un mundo amenazante y peligroso, con la percepción de sí misma de vulnerabilidad y debilidad. Acompañada de la sensación de que le pueden suceder cosas muy "terribles" y con la angustia de "no poder controlar la situación".

 

La sintomatología básica es asténica. Esto quiere decir que la experiencia ‘pérdida de control’ es vivida en términos de poder desmayarse, perder el conocimiento o morirse. La otra forma que toma el ataque de ansiedad es de tipo constrictivo. 

 

Es decir, la persona vive el miedo como si estuviera aprisionada, como si no pudiera liberarse físicamente, como una restricción a su libertad física, y la sintomatología está siempre localizada en la región torácica, como una dificultad para respirar, por sentir el pecho como apretado y casi siempre en crisis de taquicardia. La persona tiene un ataque cardíaco y se percibe a sí misma sin ninguna posibilidad de "control" de lo que le está ocurriendo.

 

Estas dos formas se van alternando en la misma persona. 

 

A estas conclusiones llegó el psiquiatra Vittorio Guidano, después de 20 años de investigación en este tipo de trastornos.

 

La relación de pareja y el ataque de pánico 

 

Otra característica importante es que la crisis de ansiedad siempre está asociada con el curso que toma la relación de la persona con su pareja. Y que la aparición de los ataques son consecuencia de lo que la persona percibe en el otro.

 

Es decir, si el otro es visto como distante, desinteresado en la relación, el agorafóbico empezará a tener crisis de tipo desprotectivo; si por el contrario, si el otro es visto como restrictivo, la persona sufre ataque de pánico constrictivo.

 

Por ejemplo, si la persona sufre el ataque de pánico cuando llega a la oficina, es probable que se sienta con toda una sintomatología de tipo asténica, ya que se percibe abandonada y desprotegida por su cónyuge.

 

Si el ataque se produce al llegar a la casa, después del trabajo, lo más probable es que el ataque sea de tipo constrictivo, ya que la vivencia será de sentirse aprisionada y atrapada por su pareja. Lo más notable es que la persona no tiene ninguna conciencia de esto, es decir, de la asociación entre sus ataques y la forma cómo percibe que su pareja se está relacionando con él o con ella ahora.

 

El agorafóbico solo le presta atención a sus síntomas físicos, no es capaz de discriminar en sus sentimientos. Toda su vida afectiva es vivenciada en términos de sintomatología física. Estas personas están siempre involucradas en el control de sus sentimientos y en el control del otro, de tal manera de no sentirse nunca abandonadas, ni tampoco aprisionadas o atrapadas por su pareja.

 

Este es el estilo afectivo predominante. La meta para el agorafóbico será encontrar el justo equilibrio en estas dos polaridades. Cualquier situación de vida que lo desestabilice, disparará los ataques de pánico.

 

Como algo anecdótico, un paciente tuvo su primer ataque de pánico en la ceremonia nupcial, y por supuesto que fue de tipo constrictivo. Con la percepción de sentirse "atrapado" para toda la vida. Esta comprensión actual de la agorafobia, producto de las investigaciones de Guidano, ha permitido ahora desarrollar una terapia altamente efectiva en el tratamiento de un trastorno refractario.

 

Básicamente la terapia consiste en que el paciente tome conciencia de sus emociones y sentimientos de vulnerabilidad en las situaciones "restrictivas" y "desprotectivas" en relación a su pareja y que pueda elaborar su vida afectiva e "romper" con el hábito de vivir sus emociones de las sensaciones físicas, que lo hacen percibirse como un enfermo crónico de dolencias somáticas.


18
Ene 2011

Las fobias

Escrito en la categoría Trastornos psicológicos

Todas las personas conocemos lo que es el miedo. Puede habernos sucedido algo que nos asustó o bien hemos podido sentir miedo al pensar en algo horrible que podría sucedernos a nosotros o a nuestros seres queridos. Después, la sensación de miedo se desvanece conforme pasa el peligro y con el tiempo puede que incluso olvidemos lo intensos y abrumadores que fueron esos sentimientos.

Sin embargo, la persona que tiene una fobia tiende a experimentar emociones incontrolables de miedo y pánico que pueden parecer irracionales a otras personas. Estas emociones resultan muy perturbadoras y, en ocasiones, pueden dominar la vida de esa persona.

 Qué es una fobia

 Existen diversos tipos de situaciones que encontramos en nuestras vidas que pueden despertar en nosotros emociones de miedo. Puede tratarse de algún tipo de amenaza a nuestra seguridad o bienestar o a la de personas importantes para nosotros. Nuestras reacciones a esa amenaza pueden ser perturbadoras pero resultan comprensibles. Puede tratarse de medidas que tomamos para asegurar nuestro bienestar o para tranquilizarnos y reducir nuestra sensación de alarma. Una vez que la amenaza desaparece, dejamos atrás nuestro miedo y seguimos con nuestras vidas de manera habitual. Pero experimentar un fobia es algo diferente. Lleva a algunas personas a sentir un miedo intenso ante situaciones o sucesos particulares que la mayoría de la gente no consideraría un motivo de preocupación o miedo. Si una persona padece una fobia, el miedo que siente le resulta incontrolable y le domina, empujándole a evitar la situación u objeto temido.


Para los demás, estos miedos pueden parecer absurdos y difíciles de entender. No obstante las fobias son bastante frecuentes y afectan a personas de todas las edades y de ambos sexos. Hay diversos tipos de fobias. Algunas son específicas, como el miedo a volar, a ciertos animales o insectos. Otras son más generales, como el miedo a situaciones en las que tiene que interactuar con otras personas (fobia social), el miedo a dejar la seguridad de su propio hogar (agorafobia), o el miedo a los espacios cerrados (claustrofobia). Cada persona experimentará su propia fobia una manera individual, aunque existen una serie de síntomas comunes.

Síntomas

  • Sentimientos de pánico o terror

  • Reconocen que el miedo es irracional y exagerado

  • Experimentan reacciones automáticas e incontrolables, que toman el control de los pensamientos de la persona.

  • Toman medidas extremas para evitar el objeto o situación temida

Tipos de fobia

 Agorafobia

 La agorafobia es el miedo a estar solo en cualquier lugar o situación donde sería difícil escapar o encontrar ayuda en caso de necesidad. La gente con agorafobia puede evitar atravesar puentes, calles muy concurridas, autobuses llenos de gente, etc. Algunas personas llegan incluso a no ser capaces de salir de sus casas, y si lo hacen, será solamente cuando estén acompañadas por un miembro de la familia o amigo, o bien sentirán un miedo muy intenso. Dos tercios de las personas con agorafobia son mujeres. Los síntomas aparecen generalmente entre el final de la adolescencia y la mitad de la tercera década de la vida. El inicio puede ser repentino o gradual. La mayoría de las personas con agorafobia desarrollan el trastorno después de sufrir uno o varios ataques espontáneos de pánico; es decir, sensaciones de terror intenso y abrumador acompañado por síntomas como sudoración, falta de aliento o desmayo. Estos ataques parecen ocurrir al azar y sin advertencia, impidiendo a una persona predecir qué situación desencadenará tal reacción.


La incapacidad de predecir los ataques del pánico llevan a estas personas a temer cualquier situación en la cual podría ocurrir un ataque. En consecuencia, evitan cualquier lugar o situación donde han ocurrido los ataques de pánico anteriores.

 

Fobia social

 La persona con fobia social teme ser observada, rechazada o humillada mientras hace algo delante de otras personas. Se trata de actividades habituales como firmar un cheque o comer o beber delante de otros. La fobia social más frecuente es el miedo a hablar en público. Muchas personas tienen una forma generalizada de fobia social, en la cual temen y evitan numerosas interacciones interpersonales. Esto les dificulta ir a trabajar o a clase o mantener relaciones de cualquier tipo. Los fobias sociales suelen aparecer después de la pubertad y sin tratamiento pueden durar toda la vida.

 Fobias simples

 Se trata de fobias a objetos o situaciones específicos. La incapacidad causada por esta fobia puede ser severa si el objeto o la situación temido es común o de uso habitual. La fobia simple más común entre la población es la fobia a animales, particularmente perros, serpientes, insectos, y ratones. Otras fobias incluyen el miedo a los espacios cerrados (claustrofobia) y miedo a las alturas (acrofobia). La mayoría de las fobias simples se desarrollan durante niñez y suelen desaparecer con el tiempo. Las que persisten en la edad adulta no suelen desaparecer sin tratamiento.
 
Cualquier fobia que interfiera con la vida diaria y dé lugar a una incapacidad extrema debe tratarse. Con el tratamiento apropiado, la mayoría de los pacientes con fobias puede superar totalmente sus miedos y permanecer sin síntoma durante años o durante el resto de sus vidas. El tratamiento más eficaz suele ser la psicoterapia de tipo cognitivo (terapia cognitiva de Beck, terapia racional emotiva). A veces se utiliza medicación o una combinación de psicoterapia y medicación.

 


12
Sep 2009

Toc Infantojuvenil

Escrito en la categoría Trastornos psicológicos

 

Durante la infancia, se dan muchos comportamientos obsesivo-compulsivos que no corresponden al trastorno obsesivo compulsivo (TOC). El niño sano desarrolla rituales sin que estos interfieran en el resto de su vida y de su comportamiento. Puede jugar a no pisar las rayas de la acera mientras camina, llevar el día del examen un objeto concreto que considera que le da suerte, mostrarse muy meticuloso con sus pertenencias personales, ser autoexigente con sus estudios o comprobar que la puerta de la entrada está perfectamente cerrada cuando se queda solo en casa. Pero este chico es alegre, tiene amigos, es sociable, su proceso de aprendizaje es correcto y va bien en el colegio.

 

En cambio, estos mismos rituales generan estados de ansiedad, de malestar y de falta de control a niños con un TOC. Cambia su comportamiento y su carácter, baja su rendimiento escolar y les cuesta hacer amigos. Sus obsesiones se centran en temas sobre la muerte (posibilidad de morir ellos o algún pariente), en las diferencias sexuales entre niños y niñas (creyendo que no deben pensar en ello y que tener estas ideas no está bien), en las enfermedades de sus padres o de ellos mismos, en el miedo a contaminarse o en el temor de equivocarse.

 

Estas obsesiones se corresponden a rituales parecidos a los de los adultos, como lavarse de forma continua, limpiar constantemente, realizar comprobaciones una y otra vez, preocuparse de manera excesiva por el orden, acumular cosas sin desprenderse de nada o repetir de forma incesante una acción para que no pase "nada malo".

 

El TOC infantojuvenil puede empezar a manifestarse cuando el niño tiene entre ocho y nueve años, aunque se han registrado síntomas a la edad de tres y cuatro años. La edad de inicio más frecuente se sitúa entre los 15 y los 20 años. Aunque la prevalencia ronda el 2%, los expertos consideran que puede ser aún mayor si se tiene en cuenta lo difícil que resulta identificar casos de TOC entre esta población, tanto por ser una enfermedad que los familiares no saben reconocer o "niegan" como por tratarse de un trastorno psiquiátrico que se desarrolla con frecuencia asociado a otros trastornos psíquicos (e incluso muchos padres lo asocian a rarezas o "cosas de niños" que irán pasando con la edad).

 

Con un tratamiento adecuado, la mejoría del niño con un TOC es considerable y éste acaba por adaptarse y llevar una vida relativamente normal. Para ello es necesario coordinar los esfuerzos de médicos, psicólogos, familiares y profesores, así como conocer las características del trastorno por parte de familiares y maestros para contribuir a su desarrollo y aprendizaje normal.